¡Abandonemos el buque hundiendo!

Superar la crisis: destruir el capitalismo!

Folleto sobre un mayo 2009

La crisis dejó de ser una cosa de las noticias. No ocurre solo en los paises lejanos. Ya no es un fenómeno abstracto. La crisis ha entrado en nuestras vidas, nosotros todos sentimos sus efectos. A pesar de una sonrisa carismática de Obama, a pesar de las cumbras G20, a pesar de las regulaciones propuestas y implementadas por los gobiernos. Alcanzó a todos los sectores económicos. La gente tiene que cambiar el empleo a la jornada reducida o aun pierde totalmente los ingresos. La tasa del desempleo está subiendo vertiginosamente mientras el llamado nivel de vida esta bajando.

Varios efectos de la crisis destacan muy claro lo absurdo del sistema. Desahucios tienen lugar en todas las partes de los EE.UU., lo que efectua que las casas quedan vacias; a la vez la gente vive en carpas. De repente hay una escasez de vivienda en un país lleno de casas desiertas. En Suiza más y más personas tienen que comprar comida en las tiendas para los pobres (Caritas); al mismo tiempo las cadenas de supermercados la botan. En Alemania el estado te ofrece una cierta suma de dinero para desguazar tu carro viejo. Se supone que comprarías uno nuevo para estimular la industria del automóvil. ¿Y por que no distribuir al mismo tiempo bates de béisbol para que puedas deshacer el nuevo carro? De este modo se podrían producir y vender incluso más carros. O el estado podría enterrar dinero en el bosque – los cuales lo encuentren se los puedan llevar. Con otras palabras: nuestro sistema caye en una crisis a pesar del hecho que ambos las necesidades y los medios para cubrirlas están presentes. Esos medios se destrozan artificialmente con el propósito de superar la crisis. En el proceso nos empujan al lado y nos dejan salir engañados otra vez.

Se dice que todo este caos proviene de la codicia insaciable de unos especuladores. Pero vaya: el capitalismo es un sistema social que contiene por fuerza crisis periódicas. Una forma de capitalismo sin crisis no puede existir y nunca existirá. Ya desde sus inicios, el capitalismo siempre se confrontaba con una crisis. La primera con las consecuencias globales se desató en los años 1870. Siguió la del año 1929 que desembocó en la gran depresión. Solo una guerra mas destructiva (la segunda guerra mundial) y las interveciones estatales masivas en la economía podían recuperar al sistema. La destrucción tremenda que llevó la guerra junto con los programas de inversiones gubernamentales, en primera instancia, hicieron posible los 30 años de prosperidad y un boom económico después de la segunda guerra mundial. Esa época perduró hasta fines de los años 1960 acompañada por una subida del consumo en el “oeste desarollado”. Cada vez más obrer@s empezaron igual a manifestar su insatisfacción con las condiciones laborales: la introducción de los procesos de trabajo modernos tanto intensificó el trabajo como lo convirtió en una actividad totalmente aburrida y monotona. Una sociedad de bien estar se pagaba con una vida de chamba estúpida. Por una parte, el estado se veía obligado a represar las demandas de l@s trabajador@s, a veces con violencia. Por otra parte, la lucha de l@s obrer@s le forzó a aliviar la crisis económica emergente con medidas sociales. Eso pagaba el estado con un préstamo, pero no con un préstamo privado sino de la economía nacional. La cuestión quién lo pagará se aplazó al futuro.

Tanto el desenvolvimiento económico como la lucha de l@s obrer@s provocaron que el proceso de producción se restructurase. La mano de obra se reducía continuamente, lo que causó que la producción de bienes crecía mientras la tasa de ingreso bajaba. L@s invers@res desplazaban grandes partes de su capital en los mercados financiales porque no resultó suficiente ganancias con la nueva estructura económica. Es posible que para un@s poc@s esa estrategia podía funcionar por determinado tiempo, pero a lo largo tenía que fallar – es preciso lo que estamos experimentando hoy. Invirtieron el capital con la esperanza de plusvalía futura. El estado dejó de ser el único quién especulaba con el futuro; se extendió también a las personas privadas. Obviamente, todo se derrumbó. El nuevo ciclo de producción cual sería capaz de producir plusvalía tan necesaria para el sistema no arrancó. La burbuja estalló. Las promesas en el futuro ya no se acceptan más, no se autorizan ningunos creditos y el ciclo económico se para. Hasta ahora debería estar evidente que l@s especulador@s no podían ser causa de la crisis sino la especulación con el futuro que es intrínseco al capitalismo y sin la cual el no podría seguir.

En todas partes del mundo la gente se subleva contra las consecuencias de la crisis. Cada día hay mas ejemplos. En Francia secuestran a los managers y hace poco l@s obrer@s demolieron los despachos gubernamentales. En Grecia las personas de diferentes trafondos sociales tomaron parte en los desórdenes y se confrontaron con la policia por días. L@s obrer@s de las empresas enfrentadas a la quiebra las toman simplemente. Un ejemplo sería la fábrica de Visteon en Irlanda de Norte cerca de Belfast o la fábrica de Republic Windows and Doors en Chicago, los EE.UU. En Italia l@s obrer@s tomaron la fabrica de INNSE cerca de Milano. La calidad y la magnitud de los protestas es muy diferente comparado con lo que podíamos ver en los años pasados.

Las luchas por mayoría son defensivas y tienen el propósito de detener los despidos o de alcanzar un mejor plan social. De hecho, nosotros no tenemos razón ninguna para mendigar: ni el estado, ni el jefe, ni la mano invisible son los cuales quienes producen. Nosotros lo somos y más encima producimos suficiente. Cuando el capital tiene que destruir bienes aun cuando a la gente le hagan falta, cuando la gente tiene que vivir en carpas sin embargo de que el numero de casas vacías crezca, una cosa debería ser clara: el capitalsimo no es por nuestra ventaja, sino contra nosotros. Es la hora que la crisis de la economía se transforma en una crisis de la sociedad de clases. En vez de dejarse oprimir de este sistema debemos seguir luchando. El éxito de la lucha obrera no solo la agrava, sino también nos permite refleccionar de nuestra situación, reconocer posibilidades y desarollar nuevas relaciones humanas. “Hay que revolucionar todas las condiciones en las cuales el ser humano es un ser disminuido, esclavizado, marginado, despreciado”.

Muchas veces se dice que una tal sociedad no podría existir en cual las nececidades humanas estarían satisfechas y dirigirían la producción (lo que quiere decir una asociación de l@s libres y iguales) y que no funcionaría según la lógica capitalista. Ademas, muchos lo ven como una idea buena, pero imposible por la naturaleza humana. Dado las condiciones presentes, tales afirmaciones suenan como un chiste malo. Como si nadie se atreviera a abandonar un buque hundiendo por el miedo que en la isla salvatoria l@s naufragi@s podrían pelear por el sitio mas bonito en la playa. Vino el momento de abandonar el buque.

¡Por una sociedad sin clases ni estado!